El FMI y el riesgo del Efecto Mariposa sobre Mendoza

Por Nicolás Aroma y Lisandro Vergara Amodeo.

Según un antiguo proverbio chino “el leve aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo”. Esta ancestral idea, sumada a las modernas teorías científicas acerca del caos, trocó en lo que hoy comúnmente se conoce como Efecto Mariposa: “El batir de las alas de una mariposa puede provocar un huracán en otra parte del mundo”.


Sin lugar a dudas el Efecto Mariposa aplica a la perfección al mundo globalizado e interconectado del Siglo XXI en el que nos toca vivir. Naturalmente, Mendoza no es una isla ajena a los vientos huracanados de orden nacional e internacional… Entonces, ¿Cómo puede afectar el posible acuerdo de Argentina con el FMI a la realidad económico-financiera provincial?

La situación de la macroeconomía nacional atraviesa horas decisivas debido al avance de las negociaciones a contrarreloj con el Fondo Monetario Internacional, a fin de encontrar una solución que permita sortear pagos de deuda de más de 44.000 millones de dólares; y que sólo para el año 2022 implicaría para el país el desembolso de más de 20.000 Millones de dólares, una sideral montaña de vencimientos que ni las reservas ni la economía argentina están en condiciones de asumir. Léase bien, ni las reservas, ni la economía. Porque no sólo no existen reservas de divisas para enfrentar tales compromisos de deuda, sino que tampoco hay mayores márgenes para planes de ajuste estructural que contraigan la economía a una situación de ahogo económico, y luego, también fiscal. 

Más allá de las consideraciones sobre la forma en que fue tomado el crédito por el país y el vil destino de los fondos recibidos (tema fuera de discusión, ya que recientemente el mismísimo FMI ha revelado que existió fuga de capitales y que no se cumplieron con los objetivos propuestos), la negociación es compleja como consecuencia de estar limitada siempre a opciones no deseadas, y al poco margen de maniobra en el que se encuentra la política económica por los niveles insostenibles de deuda externa. Entre las posibilidades existentes, el no alcanzar un acuerdo es la peor de todas.  

Así las cosas, el acuerdo con el FMI no puede alcanzarse a cualquier costo; sino que deberá equilibrar entre sortear rigurosos programas de ajuste fiscal y monetario que implican costos  socio – económicos imposibles de enfrentar en la situación actual (y que como demuestra la historia no garantizan tampoco un mejor rendimiento de la economía) y evitar los efectos negativos que implicaría la no resolución del conflicto.  Es una cuestión de costos – beneficios (trade – off), entre los objetivos de crecimiento vs los de estabilización: Así como no se puede aceptar un programa económico que condicione el crecimiento, tampoco se puede dejar que la inestabilidad del incumplimiento se desbande en situaciones inabordables de mayor incertidumbre, con efectos negativos que eso implicaría para la producción, el trabajo, y las familias y personas de menores ingresos.

¿Y entonces Mendoza qué?

Por su parte, la situación de la provincia es por demás frágil; tanto para enfrentar alguna tormenta financiera como consecuencia de no acordar con el FMI, como así también si ese posible acuerdo presenta características no soportables de ajuste fiscal y monetario. La vía de transmisión de los efectos negativos es potenciada por el alto grado de exposición por parte de las finanzas provinciales a variables no manejables, como por ejemplo el tipo de cambio. A esto se le suma algunos condicionantes autoimpuestos por la provincia que son producto de un mal manejo de la economía y la cuestión financiera:

  • El alto nivel de endeudamiento en moneda extranjera, que funcionó como cepo al desarrollo en los años anteriores pero que además resulta un fuerte condicionante hacia el futuro;
  • Los próximos vencimientos de capital de la deuda reestructurada luego del default del año 2020 que implicarán más cuotas de más de 110 millones dólares a desembolsar a la brevedad (2023).

Para recordar, una de las claves de estos desequilibrios, y del actual default, está en la colocación por parte del Gobierno de Mendoza del Bono PMY24 en dólares por 500 Millones de dólares en mayo de 2016 (luego ampliado en USD 90 Millones) a una tasa en ¨niveles especulativos” del 8,37 %. Este fue un hecho bisagra en la historia económica provincial reciente, ya que dolarizó y extranjerizó fuertemente la Deuda Provincial, dejándola a merced de los bruscos aumentos del tipo de cambio lo cual tornaría insustentables las finanzas del Estado mendocino que terminó por entrar en default en 2020. De tal modo, la deuda se convirtió en la principal traba para el desarrollo de la economía de Mendoza en los últimos años.

Luego de la restructuración del mencionado default de la deuda con bonistas extranjeros, Mendoza logró cierto aire financiero que permitieron transitar estos años con reducción considerable de los vencimientos de capital, y también de los intereses. En ese mismo periodo la deuda nacional también reestructurada permitió a la economía nacional una recuperación importante (se estima que cerca del 11% del PBI para 2021) que se traduce naturalmente en una fuerte inyección de recursos que ingresaron, fundamentalmente vía Coparticipación Nacional. La Coparticipación ha sido central para el oxígeno financiero provincial en el año 2020, pero también en el 2021, al punto de modificar la matriz de financiamiento, pasando del histórico 40% a representar casi el 58 % del financiamiento provincial. Es decir, Mendoza y su situación financiera también es altamente dependiente de la tracción de la actividad económica y la generación de empleo a nivel nacional.

Desde hace unos años, Mendoza es cada vez más nación – dependiente por el lado de los recursos, y cada vez más dólar – dependiente por el lado de sus gastos. Esto reduce, cada vez más, los márgenes de autonomía financiera provincial y la exponen mucho más a los vaivenes de la economía nacional y el tipo de cambio. Un dato contundente que confirma esta situación es que en el acumulado de los últimos seis años (2016-2021) se pagó un 50 % más en intereses de la deuda que de lo invertido en obra pública. Los altos vencimientos, la baja dinámica de crecimiento de recursos propios, y los niveles históricamente bajos de obra pública que impiden motorizar la economía (y generar mayores recursos fiscales), hacen que Mendoza presente una tibia economía a velocidad crucero que no pareciera lograr alcanzar buen puerto frente a las obligaciones financieras y los desafíos económicos que enfrenta. 

De tal modo, la falta de una política económica autónoma y la carencia de una estrategia de desarrollo clara por parte de Mendoza han provocado en los últimos años que el grado de dependencia de las finanzas de la Provincia para con la Nación sea cada vez mayor. En ese sentido, velar por que Argentina logre un acuerdo sostenible con el FMI sería velar por los propios intereses de Mendoza y su pueblo. Por consiguiente, atentar contra la posibilidad de alcanzar el acuerdo, sería atentar contra el interés nacional y provincial. La situación crítica requiere de la humildad y la grandeza para saber anteponer el bienestar general del pueblo argentino y mendocino por sobre las disputas sectoriales. Solo así podremos resistir los tiempos difíciles que nos toca vivir, tiempos huracanados nacidos del vuelo de las mariposas.

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